La solución a muchos de los problemas ambientales que padece nuestra sociedad demandan que estos no generen otros problemas y que se planteen de manera integral
Paquidermos mojados en México
En México particularmente, el segundo semestre de cada año es el que muestra un fenómeno natural. En él se conjuga movimientos naturales y artificiales provocados por un componente natural: La lluvia de dinero. Cuando empieza la temporada de mayor precipitación, es cuando el gobierno en sus distintos niveles libera o puede acceder a los presupuestos programados para ser ejecutados durante todo el año. Caso muy específico son las obras de construcción: Puentes, túneles, carreteras, obras de drenaje, hospitales, centro de educación y deportivos, entre muchos, se podrán empezar a realizar en plena temporada de tormentas y huracanes. Eso además equivale a que los tiempos se retrasen, y bueno existan penalizaciones que en el mejor de los casos se las cobra el mismo sistema que fue lento y burocrático para liberar; en el peor, se las cobran al mismo gobierno por incumplido. Ah… pero también, se cobran los seguros de garantías, los daños a terceros por faltar a la palabra, la segunda contratación de expertos que resuelven el daño provocado por los primeros, y bueno los multivariados trámites que se deben obtener antes de iniciar …ja! En verdad es todo un ciclo. Como cereza al pastel de esta simbiosis hombre – naturaleza, el segundo semestre finaliza como a mediados de octubre (una vez pasadas las muy respetables fiestas patrias, en cuyo periodo no se puede hacer nada, porque todo es celebración) por aquello de empezar a cerrar el año fiscal, pero con la seguridad de dejar como evidencia un volumen grotesco de proyectos candidatos a convertirse en “elefantes blancos” (así se les conoce en Colombia), que son el aperitivo en los discursos de los futuros diputados, senadores, y gobernantes en general que critican la deficiente gestión de la actual administración. Los ciudadanos deberíamos tener en cuenta este anquilosado y muy aprendido fenómeno, porque cada vez las obras de desarrollo son lentas, ineficientes cuando se les presiona, y rediseñadas o recalculadas si agotado el tiempo fiscal viene “otro” a sentarse en la silla. Venga pues, como ha ocurrido en las últimas dos décadas en México un año más donde el dinero llega con las lluvias y el país se salpica de paquidermísimas obras.
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